martes, 25 de enero de 2011

domingo, 23 de enero de 2011

De vuelta

Seguro que después de las vacaciones estáis esperando toda la sarta de críticas hacia el ultradesarrollo de la ciudad de Vitoria-Gasteiz con su WIFI municipal gratuito, sus bicis gratuitas y su padelleku (mi último descubrimiento que me dejó frita) que me da que no es gratuito.

Pues no.

Estoy encantada. He estado feliz, feliz, feliz. He tenido el mejor fin de año y principio del ídem posible. Pilas cargadas para afrontar estos seis mesecitos hasta las próximas vacaciones. Estoy como los pamplonicas con San Fermines, de cuenta atrás desde que se acaban las vacaciones.

Espero vuestros comentarios al blog, ánimos, improperios, quejas y curiosidades. Seguimos con nuestra relación virtual...

jueves, 9 de diciembre de 2010

Mantra

Leo unas líneas de Benedetti, cada día, todos los días, desde hace dos años. Es como un mantra. Es mi espacio familiar en un entorno que no lo es. Son las líneas que el escribió, sin saberlo, para mí, en estos momentos.

Es curioso que la ironía hiciera que cuando yo más cerca estaba de sus poemas, fuera justo cuando se muriera, el año pasado, dejándonos huérfanos a unos cuantos incondicionales.

Solo puedo agradecer que fuera tan prolífico que en estos dos años, he podido leer 730 líneas diferentes, y aún me quedan…

Me siento reconfortada cuando leo esas líneas, en mi mantra diario, a veces las leo varias veces al día, y le entiendo, y pienso que nos entendía a todos y que escribía para reconfortarse el, y reconfortarnos a los demás.

A veces tenemos lujos delante que no sabemos apreciar.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Mille Collines Kukua

A veces te enamoras.

Yo me enamoré de un crío cuando era una cría y de un hombre cuando fui una mujer. Me enamoré de mi sobrina en cuanto la cogí entre mis brazos, y luego me he enamorado de ella varias veces más en estos diez años. Me he enamorado de grupos de música a los que seré fiel hasta que me muera, y me he enamorado de libros, de películas, de poemas, me he enamorado de la vida, y ella a veces me ha roto el corazón.

Hoy me he enamorado de un proyecto. Se llama Mille Collines y es una empresa de ropa de diseño con sede aquí, en Ruanda. La marca se llama Mille Collines Kukua y me encanta el formato, el diseño, la idea, la misión, la visión y la ilusión con la que lo llevan una parejita encantadora de Barcelona.

Para más info : www.millecollines.es

martes, 7 de diciembre de 2010

Bernadette

Érase una vez una mujer que vivía en la colina. Se llamaba, vamos a decir, Bernadette, era viuda, vivía sola y tenía cincuenta y cinco años. En este país, eso es ser una ancianita. Todo el mundo en el pueblo conocía a Bernadette, por supuesto. Es un pueblo pequeño en un país, de por sí, pequeño. Todo el mundo sabía que estaba gravemente enferma, y todo el mundo sabía que nadie de su familia, nunca, la iba a visitar. Del mismo modo que sabían que sus hijos, que vivían en Kigali, tenían posibles y unos coches pick up que cuestan un pastón.

Bernadette tenía un cáncer que le estaba dejando sin fuerzas, a penas podía levantarse, a penas hacer las labores en el campo, no tenía fuerzas ni para cocinar, ni podía ir a las fuentes del valle para coger agua. No tenía fuerzas para llevar una garrafa de 20 litros. Ni siquiera de 10. Los únicos días que Bernadette tenía agua era cuando un vecino benevolente se la traía. Como digo, todos sabían que estaba enferma y que nadie la visitaba, y de vez en cuando alguien se apiadaba de ella y de su situación.

Un día Bernadette no pudo luchar más contra esa enfermedad que le limitaba la vida y contra ese mundo que le fue hostil. El día que se divulgó la noticia de su muerte, la casa de Bernadette se llenó de coches pick up y de miembros de su familia, no faltó ni uno. Le hicieron un ataúd blanco con adornos y un velatorio en el que no falto de nada, durante días. Todo el pueblo fue al entierro y festejaron y rindieron homenaje a Bernadette.

La muerte en África…

Creo que ya os he hablado de esto en algún que otro post. La muerte es algo importante. La vida, a veces, no lo es tanto…

lunes, 6 de diciembre de 2010

Cuenta atrás

Hay días que desayunando en la terraza en pijama y chancletas, observo el jardín y pienso, dónde se puede vivir mejor que aquí, con esta eterna primavera…

Hay días que si me plantas un avión delante, lo cojo aun sin saber a dónde me va a llevar…

Quizá es por la proximidad a las vacaciones, quizá porque estos últimos meses ir a currar requería un esfuercito extra de moral, quizá sea porque creo haber alcanzado las más altas cotas de subrealismo laboral el pasado viernes, o quizá sea por todo junto.

Pero si me plantas un avioncito, me monto, aunque sean aerolíneas comerciales congoleñas.

Pero si en este punto me pongo a preferir, uno « destination Bilbao » me va muchito mejor, dejando al margen lo mucho que detesto ese aeropuerto concebido por alguien que olvidó que un aeropuerto tenía que tener espacio para la pista…

Quedan 17 días…

domingo, 5 de diciembre de 2010

Saudades

Nunca lo hubiera pensado. Pero me lo ha dicho mucha gente de distintos entornos. Hablo del Congo con una palpable nostalgia. Supongo que es cierto. No, en realidad, sé que es cierto.

Como te quedas? Yo, muerta.

Esa ciudad que no deja en ti el mínimo deseo de permanecer en ella, deja en realidad una huella profunda en el corazón. Es curioso cómo idealizamos las cosas en la distancia. Cómo borramos todo sentimiento negativo y recordamos sólo lo bueno. Creo que me he ganado por méritos propios un diploma Cum Laude en borrar de mi memoria lo negativo. Por varias razones, además.

Sobre todo recuerdo que la gente te mira a los ojos y te sonríe, o te grita ”bonjour” o “yo mundele”, o hacen un comentario, sobre si tu pelo es de verdad o es una peluca, y como les gusta que vayas vestida de paño, mientras te ofrecen a un precio demasiado alto (pero negociable) los mangos o las bananas que llevan en una cesta sobre la cabeza, o te piden un trabajo en esa organización cuyo logo figura en el coche del que te bajas, o te piden dinero simple y llanamente, porque ellos lo valen, por la deuda colonial. Te hablan, te hablan, te hablan. Te dicen lo que piensan: -Sabes?...(silencio, se acercan al oído) Eres muy guapa, maman…Son zalameros, hacen bromas, te miran de arriba abajo con descaro, te desnudan con la mirada, te sonríen, te preguntan por tu país, chapurrean algo en español, comentan algo de futbol (de los dos únicos equipos españoles que parecen contar en el extranjero…), abren la boca con admiración y se ríen a carcajadas si les dices algo en lingala…

En fin, ni cuando estaba allí, ni en mis peores días, se me pasaba por alto que los congoleños tienen muy buen humor. Mi compi y yo estábamos de acuerdo en que Kin debería ser una ciudad mucho más violenta de lo que es, y que los congoleños deberían estar mucho más enfadados de lo que están. En lugar de eso, están siempre dispuestos a sacarte a bailar y a compartir unas Primus. En fin, quizá sí, quizá es nostalgia, pero al César lo que es del César. Tienen muy buen carácter.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El punto de la comparación

Es posible que recordéis que mi última visita a casa me dejó traumatizada, demasiada recogida neumática y demasiado cartelito anti redensificación (que sigo sin saber lo que es, y sigue sin importarme un bledo).

Facebook es una herramienta interesante, como todo, depende de para que lo uses. Yo estoy inscrita en varias páginas que considero interesantes y que me mandan noticias. Hoy no he podido evitar sonreír. Me ha llegado una información sobre esa enorme urbe, ese monumento al cemento, sucia y caótica que es Kinshasa y otra sobre esa pequeña ciudad, verde y tranquila, que no la puede haber más primermundista que es Vitoria-Gasteiz.

Os pongo los links para que juzguéis vosotros mismos:


En esta noticia sobre Kin, juzgan el crecimiento de población que está sufriendo esta ciudad, con 8,7 millones de habitantes actualmente y con previsiones de convertirse en 4 millones más en 2020. Sin duda, ha recibido una gran afluencia de personas huyendo de la guerra, lo que la ha convertido en el caos que es, ya que Kin no llegaba al millón de habitantes en los tiempos de la independencia, eso quiere decir que en cincuenta años, la población de la ciudad se ha multiplicado por nueve. La noticia no entra a juzgar, que por supuesto, en una ciudad con una tasa de paro del 80%, esa gente no tiene ninguna oportunidad de sobrevivir y las van a pasar canutas…


La noticia afecta a la utilización de uno de los cien millones de servicios de la ciudad. En este caso, el tranvía, tan criticado en su día, tan utilizado hoy... (porque la verdad es que no depender del tráfico de vehículos, agiliza el trayecto en esa ciudad donde no sé por qué, pero el tráfico está gestionado como el culo…) La cuestión es que a partir del 1 de enero, las mascotas podrán utilizar el tranvía, como en el resto de Europa, porque no sé si os habéis enterado pero si Euskadi está en Europa, Vitoria más.

Y qué queréis que os diga, pero me ha entrado la risilla interna. Porque me han venido cositas a la cabeza, como la última reunión de mi comunidad de vecinos que tuve en el mes de mayo, (me vi obligada a ir, porque dejaba la administración), donde pasé tres horas, 180 preciados minutos de mi vida, escuchando los problemas del inmueble, que en boca de mis vecinos parecían el preludio a una guerra nuclear total sin precedentes, Def Con Uno que te cagas, y que a mí me parecían una lista de anecdotillas insignificantes, como casi todo lo que se puede solucionar con dinero. Y supongo que tiene que ver con nuestra vida, y nuestras experiencias previas lo que consideramos o no un problema. Y tiene que ver con nuestras expectativas vitales y nuestras prioridades, en lo que estamos dispuestos a invertir 180 minutos.

En relación a mi vida, mis experiencias previas, mis expectativas vitales y mis prioridades, puedo pasar el tiempo que sea necesario analizando los problemas de la superpoblación en grandes urbes africanas como Kin, ya ves, una que se pone a analizar y no para, porque para chula yo.

Pero no estoy dispuesta a entrar a debatir si la caca de los chuchos afecta a la seguridad del tranvía o perder un solo segundo, en escuchar que el sumidero del patio se atasca con frecuencia y que esto es equiparable al asesinato del archiduque de Austria o la invasión de Polonia. Porque no. Porque me la pela, en cantidades industriales, la caca del chucho y el sumidero. Y yo era una actriz pasable cuando hacía teatro, pero no me da para fingir tanto…

jueves, 25 de noviembre de 2010

Necesidades básicas

Necesito unas vacaciones. En el calor del hogar y el frío vitoriano. 

Las Navidades, turrón, regalos, comilonas, más turrón, más regalos, más comilonas me dan una pereza de kilo, pero ver a la familia; besos; abrazos; más besos; más abrazos; una cena con los primates; recuperar los puntos perdidos como tía favorita con mi sobrina; más besos; más abrazos; perder al chinchón; el puto amigo invisible, que me genera ansiedad ya, pero en el día mola; la sobredosis de pangus; más besos; más abrazos; jugar un time’s up; unas cañitas bien tirás; unos pintxos en el casco; el pelotón de fusilamiento al que me va a someter la Rutenia, frente a un café, que miedito me da, pero bueno, aguantaremos; alguna lagrimilla; más besos; más abrazos; excursiones varias a lo ven y cuéntalo y la visita a otros coleguitas varios; más besos; más abrazos…

Es un plan duli.

En fin, no puedo esperar…

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La distancia no hace el olvido, la distancia agudiza la memoria

Quizá no en los últimos dos años, pero recuerdo que el mes de noviembre siempre hace frio. Quizá no en los últimos dos años, pero recuerdo que en el mes de noviembre no se sale a la calle en chanclas. Recuerdo que empiezan a verse ya las luces de Navidad, la gente comprando compulsivamente, cierto agobio y emoción en el ambiente. Recuerdo que la tele empieza a bombardear con anuncios de juguetes y turrón, aunque quizá no en mis últimos dos años.

Recuerdo muchas cosas.

Recuerdo los veranos en la playa en Deba, con la abuela, su hermana, el tío, y mi primo mayor con su novia de toda la vida, que ha hecho más cosas con mi familia que yo, probablemente. Recuerdo gritos y risas, la siesta en el jardín, las olas tan fuertes que hacían daño e incluso cuando era pequeña, me daban un poco de miedo…

Recuerdo que la abuela conocía a todo el mundo y le hacia ilusión hablar con ellos en su euskera natal vizcaíno que a veces a mí, me costaba entender…Teníamos una rutina, siempre íbamos al mismo restaurante de menú del día y los camareros ya nos conocían, y saludaban a mi tío y le preguntaban qué tal estaba, el sonreía y contestaba que bien. Después la abuela, con su hermana y mi tío se echaban la siesta en el jardín. Mi primo, su novia y yo íbamos a la playa. Mi primo me ha llevado mucho a la playa…

Cuando era más joven, mi primo fingía que no le gustaban los niños y a veces era un macarra y hacia cosas que me asustaban y yo acababa llorando. Esto molestaba mucho a su novia, que le echaba la bronca y él luego siempre venia, se agachaba, me cogía por los brazos, me miraba a los ojos, me pedía perdón y me hacía darle un beso, él me daba otro, luego siempre decía algo que me hacia reír mucho, y el fin de semana siguiente me llevaba de poteo o a la playa otra vez, y yo estaba encantada con él, porque sabía que en el fondo, le gustaban mucho los niños.

Recuerdo el txistu, omnipresente en todas las Navidades, lo veo en la segunda balda de la estantería del salón, también mi tío solía dejar en esa misma balda la bufanda del Alavés, y la del Baskonia antes de los partidos. Quizá le gustase esa balda para dejar cosas.

Recuerdo que en un día de la Blanca, llegó a casa borracho porque había estado de poteo con su cuadrilla de Blusas y mamá se enfadó mucho, y actuó como cuando mamá se enfada mucho, que frunce el ceño, va deprisa a todas partes y no dice nada, pero cuando habla lo hace en imperativo y con una sola palabra y con un tono alto y seco que da mucho respeto. Mamá es una mujer que se hace respetar por todo el mundo.

Recuerdo las manualidades, hay por lo menos una en cada casa de mis tías, aunque hay una que se lleva la palma. El salón de mi tía tiene un mueble que es una especie de altar lleno de fotos de sus hijos, de sus nietos, juguetes aparcados, manualidades de mi tío e incluso el niño que mi tía tiene apadrinado, al que su hijo llama por un nombre que no es el suyo. A mi tía le encantan las fotos. A mí me encanta mi tía porque cuando se emociona grita y ríe mucho y te contagia su entusiasmo y siempre, siempre te dice lo que piensa, tanto si es bueno, que mola oírlo, como si es malo, que no hace gracia, pero yo prefiero saber siempre lo que los otros piensan. Además, tiene una capacidad que puede ser clasificada de super poder. Puedes ir ganándole de largo al chinchón, y en un segundo, es capaz de darle la vuelta al juego y desplumarte.

Como sepultada entre todas esos recuerdos está la televisión en esa casa, recuerdo que casi siempre había sintonizada una emisión deportiva, mis dos tíos se sentaban allá y podían pasar horas. Mi tío ha pasado muchas horas en esa casa, idolatraba a su cuñado, supongo que en cierto modo lo consideraba como un padre para él, o como el hermano que nunca tuvo. En ese sentido mi tío tuvo mucha suerte, el marido de mi tía, es el hombre con más paciencia que he conocido, porque no hay que perder de vista que el tío podía ser cansino y repetir lo mismo tres millones de veces, pero mi otro tío le contestaba a lo que decía las tres millones de veces y mantenían su propia y singular conversación entre gol y gol...

Me encanta mi familia, no es perfecta, pero casi, en cualquier caso, prefiero nuestros problemas. Hoy he recordado todo esto porque mi tío está muy enfermo en el hospital y esperamos un desenlace dentro de poco. En estos momentos me alegro mucho de que como yo, haya tenido la suerte de ser un miembro de esta familia, y no de otra, donde si tienes un problema todos se unen para ayudarte, donde sientes protección porque no van a dejar que si estas cayendo, caigas del todo, donde recibes tanto cariño gratuito, donde se te exige estar a la altura, y te expones a que te critiquen si haces algo que no gusta o que se sale del molde, pero tienes compensaciones cada día, y al fin y al cabo, en eso consiste la familia en nuestra mafiosa y maravillosa comprensión del término.

Por cierto, mi tío tiene Síndrome de Down, supongo que nada de lo que he explicado de su vida os lo habrá hecho deducir.