lunes, 15 de septiembre de 2014

7 de abril

Hoy es uno de esos días, en que no ha parado de llover.
Agazapado en la rama de un árbol, con el corazón encogido,
con el intestino atascado y las manos tensas, sudorosas,
temo que el ruido del hambre que amenaza mi estómago,
incontrolable, desvele mi paradero a los hombres armados,
que deambulan por debajo del árbol, entre la maleza,
intentando matarme.
Dos horas.
En este día lluvioso del mes de abril, el agua cae por mis mejillas,
no dejándome saber si son gotas de lluvia, o lágrimas de mis ojos.
Quizá sea mejor así.
Me alegro de que mi intestino esté tan asustado como yo.
Agazapado en la rama de un árbol, temiendo por mi vida,
no es momento para necesidades básicas.
Siempre pensé que el miedo surtía el efecto contrario.
Me alegra saber que no es así.
Cuatro horas.
Las horas pasan y les veo pasar, en diferentes grupos, armados.
Hasta ahora han sido tres grupos; el primero de cinco hombres,
el segundo de siete, el tercero, -más numeroso-, de once.
En total conocía a cuatro de esos tipos, son gente del pueblo.
Me sorprende verme ahora huyendo de ellos.
Me sorprende que yo, un muchacho de apenas dieciocho años,
esté en su punto de mira.
Qué he hecho yo?
Es posible que alguna vez, robara bananas de algún vecino.
Pero no creo que ese sea el motivo para mis actuales circunstancias.
Ninguno de los hombres me ha visto, a pesar de los ruidos,
que a mí me parecen atronadores, de mi estómago.
Me fijo en las huellas que sus chancletas o sus botas de goma,
dejan en el barro. El dibujo se queda en la arcilla del suelo,
hasta horas después de que se hayan ido.
Seis horas.
El agua va borrando las huellas, observo las gotas que caen,
y no sé si es la lluvia, o las lágrimas de mis ojos,
pero me da igual.
Me gusta que no quede rastro.
Como si nada de esto estuviera sucediendo.
Hoy es uno de esos días, en el que los espíritus
solo auguran malos presagios.
Mis piernas están en tensión, mis brazos están en tensión,
todo mi cuerpo y mi mente están en tensión.
Mis ojos están abiertos de par en par,
pero mi cabeza no puede pensar.
Lo intento, pero no puedo pensar.
Me duermo…
No! No te duermas!
Te puedes caer del árbol, y entonces sí que eres presa fácil.
De pronto, las imágenes de mi madre y mi hermana gritando
vienen, como un huracán, a mi cabeza.
Sus cuerpos cayendo al suelo.
El suelo, tan verde, en el mes de abril, tiñéndose de rojo.
La sangre es tan roja que es casi brillante.
Nunca había visto tanta sangre. Nunca me había percatado,
hasta ahora, de lo roja que era.
Las gotas caen y esta vez sí, estoy seguro, de que son lágrimas de mis ojos.
Ocho horas.
Oigo una radio, -otro grupo se acerca-, los mensajes están llenos de odio.
La locutora dice que soy una cucaracha, y que merezco la muerte.
Reconozco al grupo, son los que han entrado en mi casa esta mañana.
Los que han matado a mi madre y a mi hermana, mientras yo corría.
Están buscándome.
Uno de ellos mira hacia arriba.
Me ha visto, es el fin.
Diez horas.
Estoy de rodillas en el suelo, cuatro hombres me rodean.
Conozco a uno de ellos, le conozco desde que era un crío, es mi vecino.
Tiene un hijo de mi edad, jugábamos juntos cuando éramos pequeños,
porque su balón de fútbol, hecho con telas y cuerda, era mejor que el mío.
Después, yo fui a la escuela y él al internado, y perdimos el contacto.
Pero me caía bien…
El asesino de mi madre, con sus ojos llenos de odio,
le da el machete a mi vecino.
El asesino de mi hermana, impávido, observa la escena.
Desde que me han bajado del árbol hasta ahora,
no han parado de insultarme y de darme golpes y patadas
en el cuerpo, mi cuerpo, entumecido, por el frío, y por la lluvia.
Mi vecino me mira a los ojos, en su expresión veo mi expresión.
Miedo.
Pavor.
Terror.
Ambos sentimos lo mismo.
Yo, por lo que va a ocurrirme.
El, por lo que va a hacer.
En sus ojos veo algo que parece una disculpa.
No lo quiere hacer.
Pero lo va a hacer igualmente.
Doce horas.
El agua golpea el suelo, y de nuevo, con certeza, sé que son lágrimas de mis ojos.
Siento el machete cortando el aire a toda velocidad, hacia mi cuello.
Siento miedo y de pronto, ya no siento nada.
Hoy es uno de esos días que debía haber desaparecido del calendario.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Gracias

Nunca pensé que un lugar que tenía en principio tan poco que ver conmigo acabaría siendo de una manera tan profunda y sentida, mi hogar. No siento más que agradecimiento. Ruanda, me has hecho muy feliz.

viernes, 25 de julio de 2014

Job, as in...más paciencia que el santo...

Aquí estoy inmersa en la búsqueda de empleo, con miras hacia el continente asiático pero distrayéndome mucho por el camino cuando veo puestos que me gustan con ONG que me gustan en sitios tan dispares como Nicaragua, Fiji, Islas Salomón o Papúa Nueva Guinea.

Básicamente, tengo una línea central de criterios de selección, con ciertas salvedades que me permito hacer.

El proceso, como os podéis imaginar, es muy engorroso. El tiempo que has de dedicar a cada carta de motivación y a cada sistema de registro on line que se atasca cada dos segundos teniendo que rehacer lo que has hecho, es bastante tedioso. Entiendo que ellos (los empleadores), valoran mucho el tiempo de empresa y su valor en el mercado y quieren que les des la información ya mascada y clasificada. Lo que estas empresas no están valorando, es el tiempo que me hacen perder a mí, como si mi tiempo no tuviera valor en el mercado.

Por otro lado, confieso que me imagino en sitios pintorescos y lugares exóticos y me hace ilusión. En ese sentido, estoy disfrutando del proceso. Un nuevo proyecto me hace ilusión, una nueva ONG, un nuevo país.


Veremos qué pasa. La vida sigue.

miércoles, 18 de junio de 2014

Atrapa tu sueño

Ya os he comentado que estuve en Arusha este fin de semana. Lo más singular que me ha pasado es conocer a una familia de argentinos que llevan viajando desde 2000. Los Zapp. A bordo de una Graham-Paige llevan recorridos unos 200.000 kilómetros. 

Había leído sobre ellos en una de esas in-flight magazines de alguna compañía aérea de cuyo nombre no quiero acordarme.


Estaban allí en Arusha en una feria del verano (aunque no sé si es verano ahora mismo en Arusha) y yo estaba con un amigo de origen argentino. Así que me parecía como algo cósmico, y que teníamos que hablar con ellos. Unos tipos encantadores. Resulta que su única hija (los otros tres son nenes) se llama Paloma. Por si nunca os ha pasado, si tenéis nombres no tan comunes como el mío, y encontráis gente que han llamado así a su única hija, instantáneamente piensan que tu nombre es extraordinario, y que probablemente tu eres guay también, aunque seas gilipollas. Así que me lo pusieron muy fácil para caerles bien.

Dijeron que pasarían por Kigali próximamente así que les di mi tarjeta para que llamaran si quisieran. Esto va contra todo lo que me enseñó mi madre, eso de no hables con desconocidos, no te fíes de la gente y aquella misteriosa persona que daba caramelos a la puerta del colegio, y que yo nunca encontré, a pesar de lo mucho que me hubiera apetecido ese caramelo.

Lo que pasa es que aquí en Afrik, aplican otros parámetros, mamá. Somos pocos rostropálidos (cada vez más, por desgracia), y menos hispanohablantes aún, así que das tu contacto, abres tu casa, y les preparas la cena si hace falta. Vives en una constante casa de estudiantes, y entra y sale gente a menudo. Esto, que quizá os horroriza, amigos lectores, confieso que me gusta. Vivir en un constante estado de bienvenida es mejor que vivir encerradita en tu cascarón.

Os recomiendo encarecidamente que le echéis un vistazo a su blog, se llama "Tres Américas una huella. Los Zapp", y ahora están en su aventura africana. Si tenéis ganas de hacer un viaje con un coche de los años 20, o en un coche más moderno, o de viajar durante 14 años, o durante 1, o durante 5 días, o de ver como se pueden reducir gastos en un un viaje mochilero, o tenéis ganas de quedaros en vuestro sofá y ver fotos de una preciosa Graham-Paige en fantásticos lugares, clicad sobre el nombre del blog, que os he puesto un link la mar de rico.




martes, 17 de junio de 2014

Personally

He pasado un intenso fin de semana en Arusha visitando y despidiéndome de unos muy queridos amigos y ahora la semana se me hace cuesta arriba. Os lo digo personally...

En todo caso, ha merecido totalmente la pena. Work hard. Play hard.






lunes, 9 de junio de 2014

Hasta la Victoria, siempre...




Cuando vives con una persona a la que quieres, todo se llena de cotidianidad. Le quieres, por supuesto, eso está fuera de toda duda. Pero además de con el amor que le profesas, vives con las cosas que te irritan, con los hábitos y manías que no compartes, con cierto grado de testarudez y con una serie de aspectos de la jornada ordinaria que no son nada atrayentes para ti. También indudablemente, puedes disfrutar intensamente de los buenos momentos, de los que te acercan, de los que te hacen querer más y más. Todo es real, para lo bueno y para lo malo.

En la distancia todo el aspecto de cotidianidad se diluye. Tengo que hacer esfuerzos para recordarlo. Solo queda una especie de idea etérea, flotante, idealizada de la persona y de los motivos que te llevan a quererla y a admirarla. Es como si la relación se congelase, no avanza, ni para bien ni para mal; es una idea de una persona que no se mueve, que no evoluciona, que no cambia de opinión. Como si las personas fueran objetos de museo. La persona no cambia, no envejece, no pierde la memoria, ni los papeles, no tiene manías ni despistes, es una copia exacta en carne y hueso de la imagen de tu memoria.

Esto me ocurre con todas las personas a las que quiero. Pero sobre todo con mi familia, con mis padres, y especialmente con mi madre. Supongo que porque es mi referente femenino; quien me ha enseñado como ser una mujer en este mundo. Ella es en general alguien a quien siempre he admirado, pero desde que solo la veo dos veces al año, es la máxima idealización de mi mente. Ahora mismo, en mi mente, mi madre es prácticamente perfecta. Creo que no sabe volar y que no es alquimista, pero esas son probablemente las dos únicas cosas que no puede hacer. Por todo lo demás, encarna la perfección.

Creo que la cotidianidad, el hábito, y ahora para mí, la distancia, hacen que no digamos suficientemente a las personas que queremos, que les queremos. Este post es para solucionar eso. A mis padres, gracias por enseñarme a trabajar duro, a pensar en el futuro, a luchar por lo que quiero, a hacerme valer, a solucionar mis propios problemas, el gusto por la lectura, y por el estudio, por los idiomas, a ser cauta, y a no tener miedo. Por no cejar cuando me podía la vagancia o no entendía que fueran tan pesados o tan estrictos; o cuando ellos, no entendían que el dichoso cálculo mental no era, simplemente, para mí. A mi padre, por hacerlo queriendo que trabajase en algo que me gustara y que pudiera ser feliz. Si soy feliz, es en gran parte porque me diste las herramientas para ello. A mi madre por hacerlo queriendo que yo fuese una mujer independiente y resuelta. Si el mundo me gusta, es en gran parte porque tú estás en él. Llego a casa en 10 días. Tengo muchas ganas de veros.